UMBRA
Para verlo bien había que alejarse de las luces, así que fueron al campo, a la granja, donde el cielo era ancho y no había nada que estorbara.
Él le explicó, con la paciencia infinita de un padre, qué era un eclipse. Ella escuchó sin entender del todo, pero asintió porque le gustaba la forma en que él hablaba cuando algo le importaba de verdad.
A las 12:22, el día se apagó.
La niña apretó la mano de su padre cuando el cielo quedó oscurecido.
A las 12:26, el eclipse debería haber terminado. La luna ya había pasado en su recorrido y se alejaba por el firmamento.
Ella le preguntó en voz muy baja si el sol iba a volver.
Él dijo que sí, observando el cielo que seguía pintado de negro.
Lo dijo con la voz que usaba cuando algo le importaba de verdad.
Pero no soltó su mano.



¡Muy bueno! ¿Lo bueno, si micro, dos veces micro? Me dieron ganas de seguir leyendo. Te restackeo.
¡Vaya microrrelato! Aún estoy esperando tras el eclipse… Necesito en qué aferrarme.